¿Por qué la gente sigue comiendo dentro de Atocha si es una estafa?

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La humanidad no deja de sorprendernos. Ahí tienen ustedes a Donald Trump, dirigiendo nuestros destinos, por ejemplo. Sin embargo hay algo que nos inquieta aún más. ¿Cómo pueden las cafeterías de la Estación de Atocha seguir funcionando con semejante sistema de negocio, es decir, poca calidad y precios altos? O mejor aún: ¿por qué la gente sigue alimentando estos negocios mientras se quejan de lo caros que son?

Hemos acudido a diferentes plataformas online como TripAdvisor, FourSquare o las reseñas de Google para ver qué tenían que decir los usuarios al respecto, y la verdad es que se despachan a gusto. Algunos con más saña que otros.

Que el negocio hostelero mejor evaluado de dentro de la estación sea una famosa multinacional de comida rápida dice mucho del resto. Pareciera que el sistema que establece los precios se rigiera por la vieja lógica del frío-templado-caliente-te quemaste. Cuanto más te acercas a las vías del AVE más probabilidades tienes de que la cantidad a desembolsar sea mayor.

El usuario que subió esta foto a Facebook asegura que pagó 3,40 € por ese montadito.

Lo más extraño es la mayoría de estos sitios sigan abiertos. Eso mismo se pregunta otro cliente de uno de estos locales: “un desayuno para tres personas (café y tostadas) nos costó casi 20€!!! No lo recomiendo a nadie, no sé ni cómo sigue abierto”. O aquel pobre chico que comentaba incrédulo “un timo difícil de explicar […] Total 3 micro (hamburguesas) y 2 cervezas 16,80€.” Tranquilo, compañero, Íker Jiménez tiene a sus mejores hombres trabajando en ello.

“Parece que los platos van a estar exquisitos, por las fotos que hay en el establecimiento, pero de eso nada, monada”, comenta con resignación una de las usuarias. O esta otra, a quien el sitio donde comió algo antes de montarse en el tren le pareció “muy, muy malo, casi con certeza uno de los más malos en todo Madrid, el propietario o propietarios deberían comer algún día allí, así se darán cuenta lo terrible que están preparados los platos”. Y en cierto modo parece normal -aunque no justificable-. Si los clientes van a seguir fluyendo igual, ¿para qué molestarse? “Él nunca lo haría”, que diría el anuncio.

Las críticas las hay de todos los gustos. Desde el escueto “muy caro y malo” al más original “la pizza tiene sabor a perro mojado”. Leer los comentarios de la gente es una de las pérdidas de tiempo más gozosas desde el Tamagotchi. Da gusto ver lo que la ira de un estómago insatisfecho puede crear.
Otro dice recomendar uno de los sitios solo si “tienes bastante hambre como para comer rata”. Como dice mi madre, nunca digas de este agua no beberé. Y a falta de mediación divina que ponga fin al disparate, hay quien se pregunta “dónde está sanidad cuando se le necesita”.
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