6 sitios donde abortar definitivamente la operación bikini

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La operación bikini. Esa losa que cada año nos amarga la llegada del buen tiempo con su omnipresencia en cada televisión, en cada revista y en cada chiste malo. Pero tan pronto como vino se fue, y ahora que vuelven el frío y las capas de abrigo podemos darla por derogada hasta nuevo aviso y retomar donde las dejamos todas aquellas comidas que la OMS calificaría de atentado contra la salud pública por su alto nivel calórico.

Porque ¿qué valor tiene una ensalada sin unas buenas grasas saturadas que equilibren la balanza? Como diría Javier Krahe, no todo va a ser adelgazar, así que toma nota y recuerda que, aunque suene a anuncio de Biomanán, la vida es demasiado corta para andar contando calorías.

 

Don Oso

Algunos dirán que no es más que una hamburguesería barata. Y sí, efectivamente lo es, pero para quienes pasamos parte de nuestros años universitarios buscando la mejor forma de sacarle el máximo rendimiento a nuestro presupuesto mensual, las hamburguesas de Don Oso siempre fueron una apuesta segura.

Con su decoración a caballo entre lo vintage y lo cutre, reflejo de su ausencia de pretenciosidad, el local lleva abierto desde 1973 y no es raro encontrarse a profesores y alumnos universitarios compartiendo barra. La hamburguesa simple cuesta 1,90 euros, así que nos ahorraremos cualquier comparativa con alguna megafranquicia de comida rápida que ya conoces.

Dónde: C/ Donoso Cortés, 90 (primer local); c/ Meléndez Valdés, 55; y c/ de la cruz, 26.

 

La Llama

Hablar de años universitarios (o al menos de mis años universitarios) es hablar de este bar de raciones de la zona de Metropolitano donde es imposible encontrar una mesa de jueves a sábado sin reserva. Es uno de esos sitios cuyo éxito sigue siendo un misterio para muchos. Y mucho más cuando su plato estrella es pechuga empanada con patatas y pimientos.

La oferta, como decimos, es simple: patatas bravas dos salsas, salchichas fritas, sepia a la plancha o huevos revueltos. Es fácil acertar cuando sabes que lo que ofreces va a gustar. Mientras el estómago me lo permita, un servidor seguirá fiel a sus manteles de papel, sus camareros que parecen vivir allí y sus chupitos de la casa de postre.

Dónde: C/ de General Ibañez de Ibero (aunque en Google Maps aparece en avenida de la Reina Victoria 37).

Melo’s

Este es uno de esos tantos sitios a los que no entrarías si no es por recomendación, ¡y no sabes lo que te pierdes! Una vez más, la premisa es simple: ofrecer poca variedad pero que lo que se ofrece funcione como un tiro. Y cañas, muchas cañas, en pleno centro de Lavapiés.

Conseguir una mesa es misión imposible, pero el encanto de estas barras castizas es innegable y todos sabemos que la gravedad facilita la digestión. Cuatro son los pilares de Melo’s: sus zapatillas (megasándwiches hechos con rebanadas de pan de pueblo, lacón y queso de tetilla), sus croquetas, sus pimientos del padrón y sus empanadillas.

(Nota: fíjense en ese cartel que reza “las raciones que se sirven en este bar son abundantes. Por favor, pedid con moderación”. No van de farol)

Dónde: C/ del Ave María 44.

Casa Paco

Casa Paco es uno de esos amores primerizos que nunca se olvidan. Fue uno de los primeros sitios que conocí cuando me mudé a Madrid y cada vez que voy sigue tan abarrotado como siempre. Por las noches gana quien antes apoye codo en barra (olvídate de sentarte) y al mediodía la gente se da de tortas por sentarse en una de las apenas cinco o seis mesas que hay.

El atractivo principal del negocio son sus tortillas (de pimiento del piquillo caramelizado con Philadelphia, de solomillo con cebolla crujiente y parmesano, de espinacas con queso o de pulpo a la gallega) y sus croquetas (de pollo al curry, de solomillo con miel y mostaza o  de chistorra). Esos dos platos son los que proporcionan a Casa Paco su legión de fieles, aunque ello suponga dejar fuera sus maravillosas albóndigas.

Dónde: C/ Altamirano, 38.

La Parrilla de Usera

Al borde de la M-30 y rodeado de otros tantos interesantes lugares donde comer, La Parrilla de Usera es uno de esos sitios donde a las calorías de la caña o el buen vino (cada semana tienen uno diferente en promoción) hay que sumarle la tapa. Pero además, los martes, miércoles y jueves te sirven por un euro más una ración pequeña de croquetas o huevos rotos con tu bebida, además de la tapa oportuna.

Obviamente, comer de la parrilla que les da nombre sube el precio de la cuenta, pero de vez en cuando sacan una bandeja con carne a la parrilla para que piques algo a modo de tapa, así que abre bien los ojos.

Dónde: C/ de Antonio López, 160.

Pizzería Vesuvio

La primera vez que me comí una pizza en la barra de la pizzería Vesuvio, aquella fusión del casticismo del bar de barrio, lleno de servilletas por el suelo y una barra que se extiende a lo largo del estrecho local, con uno de los platos más globalizados, me pareció una experiencia única. Tanto es así que cuando un tiempo después fui a comerme la misma pizza a su otro local menos conocido, esta vez sentado a la mesa, la experiencia mucho menos enriquecedora.

Poco más se puede decir de uno de los emblemas de la cocina popular madrileña. Por 6 ó 7 euros puedes comerte una pizza individual, aunque a un servidor le haga falta al menos pizza y media.

Dónde: C/ Hortaleza, 4.

 

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