Refranes madrileños: ¿de dónde vienen?

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Que sí, que sabes que ahora el pantalón boyfriend es lo que se lleva y el pitillo se ha vuelto mainstream. O que el chupito de moda ya no es de Jager y Malasaña siempre será cool, pero a ti también te sale de vez en cuando la vena “viejoven”. Viejoven y castiza, porque los madrileños no tendremos acento, pero sí un vocabulario tan rico y extenso que cuenta con su propio refranero, pero ¿sabéis de dónde vienen nuestras expresiones más castizas?

“Esto parece la casa de Tócame Roque”

Es lo que piensas cuando has decidido invitar a tus amigos a casa y se te va de las manos, pero ¿que pasaba con el pobre Roque? La casa del susodicho existió de verdad. Estaba en la esquina de la calle Barquillo con la calle Belén y fue la herencia de dos hermanos, Juan y Roque. Ambos se asignaban la herencia total del inmueble, lo que suponía constantes luchas entre ellos. De esta forma, Juan le decía a Roque: “Tócame, Roque”, a lo que él contestaba: “La casa tócame a mí, Juan”. La lucha duró tanto tiempo, que el cotizado hogar acabó bautizado con ese nombre, aunque finalmente fue derrumbada en 1850 para poder permitir la comunicación de las calles de Barquillo y Belén con la de Fernando VI.

“De Madrid al cielo”

Seguro que se la has soltado a alguna visita al principio de su llegada a la capital, pero ¿a que no sabes de dónde viene? Su origen es algo confuso. Por un lado, hay una leyenda urbana que cuenta que en el Cerro Garabitas (situado en la casa de Campo) se reunían las almas de los madrileños fallecidos para subir al cielo (los vecinos del parque incluso decían ver luces por las copas de los árboles). La otra teoría, y probablemente la más cierta, es que Luis Quiñones Benavente, dramaturgo del Siglo de Oro, incluyó en su obra “Baile de invierno y del verano” estos versos:

“Pues el invierno y el verano,
en Madrid solo son bueno,
desde la cuna a Madrid,
y desde Madrid al Cielo”.

 

“Más orgulloso que Don Rodrigo en la horca”

Hubo una época en la que la Plaza Mayor era utilizada como punto de encuentro para ejecuciones. En ella, los villanos más depravados eran ahorcados, pero la alta alcurnia madrileña podía pasar a mejor vida de una forma “menos drástica”: siendo degollada. El Marqués de Sieteiglesias, Rodrigo Calderón, la sufrió en sus propias carnes. Fue acusado de brujería y asesinato, pero en el momento previo a su muerte, su actitud desinhibida ante tal situación le hizo pasar a la historia.

“Das más lata que Cascorro”

Cuando un amigo consigue hacer que el resto de la pandilla se ponga de acuerdo para quedar, tiene la misma persistencia que tuvo Eloy Gonzalo con todas sus azañas en la guerra de Cuba. La actitud que tuvo durante su gesta le logró pasar a la historia identificado con dicha expresión. Aunque eso no fue lo único, ya que a día de hoy el héroe cuenta con una calle y con una estatua en el mercadillo más castizo de la capital, El Rastro.

“Tirar la casa por la ventana”

Más que un refrán popular, se trata de una expresión, pero también tiene su origen en tierras madrileñas. Este dicho data, nada más y nada menos, que de septiembre de 1763, año en el que se estableció la lotería nacional. Aunque la primera administración de lotería no funcionaba siguiendo el sistema actual, sí que hizo que el ganador del primer sorteo tirase, literalmente, todos sus objetos personales por la ventana. De esta forma demostró que para él, empezaba una nueva vida. Y a día de hoy, aún seguimos utilizándola cada vez que no medimos nuestros gastos o nuestros actos en alguna ocasión.

“No te comes ni una rosca”

Hace unos años esta expresión era prácticamente literal, pues era la forma en la que los jóvenes chulapos se acercaban a las gatas madrileñas. Les ofrecían rosquillas tontas y listas, pero cuando no conseguían conquistar a ninguna chulapa ni con este famoso dulce, les soltaban esta perlita de frase. ¡Oh dios mio! Las rosquillas sentaron las bases de la friendzone…

 

 

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