Poesías que hablan sobre Madrid

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A Madrid se le han dedicado tantas canciones como versos y no nos extraña en absoluto, porque sus calles, su gente, sus monumentos y en general, toda la ciudad en sí, inspira a cualquiera. Además, podemos presumir de que no han sido palabras anónimas, sino que tras ellas hay grandes nombres de la literatura y la poesía española, por lo que hemos querido recopilar algunas de las líneas más bonitas dedicadas a la ciudad:

Blas Otero – Madrid, divinamente

«Madrid, divinamente

suenas, alegres días

de la confusa adolescencia,

frío cielo lindando con las cimas

del Guadarrama,

mañanas escolares,

rauda huida

al Retiro, risas

de jarroncito de porcelana,

tarde

de toros en la roja plaza vieja,

pues me iría y a ver la verbena

en San Antonio o San Isidro,

ruido de Navidad en las aceras

cerca

de la Plaza Mayor,

rotos recuerdos

de mil novecientos veintisiete,

treinta,

pueblo derramado aquel 14

de abril, alegre,

puro, heroico Madrid, cuna y sepulcro

de mi revuelta adolescencia.»

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Gloria Fuertes – Problemas de Madrid

«Yo puedo decir muchas cosas,

y algunas no.

 No puedo decir: Madrid es mi tierra,

tengo que decir mi cemento,

-y lo siento-.»

«¡Ojalá sea mentira ese rumor que corre sobre el rio

donde peces de plata mueren sin ser pescados!

 ¡Ojalá sea mentira esa bola

de anhídrido carbónico

que pende bajo el cielo de Madrid!

 ¡Ojalá sea verdad esa mentira del vidente

que anuncia una tormenta de amor

que acabará con la mala uva…!»

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José Bergamín – Anocheció

«Anocheció Madrid que parecía

cubierto del cristal más transparente

que estaba amaneciendo de repente

con tanta claridad como de día

Luces vivas sus calles repartía

poblando la ciudad, más que de gente,

de destellos de luz resplandeciente

que el aire embelesaban de alegría.

El cielo miró arder desde su abismo,

como un diamante en negro terciopelo

Madrid, alma encendida a su espejismo:

ciudad nocturna en urna de su hielo,

Narciso enmascarado de sí mismo,

y Eco, muda de asombro, el mismo cielo.»

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Miguel Hernández – Madrid

«De entre las piedras, la encina y el haya,

de entre un follaje de hueso ligero

surte un acero que no se desmaya:

surte un acero.

Una ciudad dedicada a la brisa,

ante las malas pasiones despiertas

abre sus puertas como una sonrisa:

cierra sus puertas.

Un ansia verde y un odio dorado

arde en el seno de aquellas paredes.

Contra la sombra, la luz ha cerrado

todas sus redes.

Esta ciudad no se aplaca con fuego,

este laurel con rencor no se tala.

Este rosal sin ventura, este espliego

júbilo exhala.

Puerta cerrada, taberna encendida:

nadie encarcela sus libres licores.

Atravesada del hambre y la vida,

sigue en sus flores.

Niños igual que agujeros resecos,

hacen vibrar un calor de ira pura

junto a mujeres que son filos y ecos

hacia una hondura.

Lóbregos hombres, radiantes barrancos

con la amenaza de ser más profundos.

Entre sus dientes serenos y blancos

luchan dos mundos.

Una sonrisa que va esperanzada

desde el principio del alma a la boca,

pinta de rojo feliz tu fachada,

gran ciudad loca.

Esa sonrisa jamás anochece:

y es matutina con tanto heroísmo,

que en las tinieblas azulmente crece

como un abismo.

No han de saltarle lo triste y lo blando:

de labio a labio imponente y seguro

salta una loca guitarra clamando

por su futuro.

Desfallecer… Pero el toro es bastante.

Su corazón, sufrimiento, no agotas.

Y retrocede la luna menguante

de las derrotas.

Sólo te nutre tu vívida esencia.

Duermes al borde del hoyo y la espada.

Eres mi casa, Madrid: mi existencia,

¡qué atravesada!»

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Mario Benedetti – Pausa de agosto

Madrid quedó vacía

sólo estamos los otros

y por eso

se siente la presencia de las plazas

los jardines y fuentes

los parques y glorietas

como siempre en verano

Madrid se ha convertido

en una calma unánime

pero agradece nuestra permanencia

a contrapelo de los más

es un agosto de eclosión privada

sin mercaderes ni paraguas

sin comitivas ni mitines

en ningún otro mes del larguísimo año

existe enlace tan sutil

entre la poderosa

metrópoli

y nosotros pecadores afortunadamente

los árboles han vuelto a ser

protagonistas del aire gratuito

como antes

cuando los ecologistas

no eran todavía imprescindibles

también los pájaros disfrutan

ala batiente de una urbe

que inesperadamente se transforma

en vivible y volable

los madrileños han huido

a la montaña y a Marbella

a Ciudadela y Benidorm

a Formentor y Tenerife

y nos entregan sin malicia

a los otros que ahora

por fin somos nosotros

un Madrid sorprendente

casi vacante despejado

limpio de hollín y disponible

en él andamos como dueños

tercermundistas del arrobo

en solidarias pulcras avenidas

sudando con unción la gota gorda

el verano no es tiempo de fragor

sino de verde tregua

empalagados del rencor insomne

estamos como nunca

dispuestos a la paz

en el rato estival

la historia se detiene

y todos descubrimos una vida postiza

pero cuando el asueto se termine

volverán a sonar

las bocinas los gritos las sirenas los mueras y los vivas

bombas y zambombazos

y las dulces metódicas campanas

durante tres fecundas estaciones

nadie se acordará

de pájaros y árboles

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