Gofio: un archipiélago de sabores en el Barrio de las Letras

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Valencia tiene la paella, Galicia el pulpo, Málaga el pescaíto y Madrid el bocata de calamares. Sí, somos un país de gran tradición gastronómica, pero ni los valencianos se pasan el día comiendo paella aunque la defiendan a capa y espada ni los gallegos se pasan el día peleando con el octópodo para que quede en su punto.

Lo mismo ocurre con la gastronomía canaria. Los plátanos y el mojo no son la base de su alimentación y nosotros lo descubrimos en pequeñas dosis de regalos para nuestro paladar con Gofio (C/ Lope de Vega, 9). Se trata de un restaurante 100% canario y lo del porcentaje nos lo tomamos muy en serio, porque Gofio ha hecho muy bien los deberes, convirtiéndose en un buen ejemplo de unión entre tradición e innovación culinaria.

Quizá su distribución es algo “complicada”, pues las mesas se despliegan a lo largo del local dando sensación de verticalidad. Eso sí, se mimetizan  con una decoración muy sencilla que hace las veces de pizarra dejándonos pequeños datos de la historia de las Islas.

La carta de Gofio cambia cada mes y tiene tres opciones de menú (exprés, degustación corto y degustación largo), por lo que el desconocimiento de no saber lo que vas a comer, la iluminación y el acento canario hacen las veces de instrucciones de vuelo para prepararte para el despegue. Este viaje va cargado de pequeñas turbulencias de sabor y espectáculo visual, porque la presentación final de sus platos es otro de sus puntos fuertes.

La materia prima de su cocina está formada por ingredientes clásicos de la gastronomía canaria combinados con preparaciones de lo más originales. Se podría decir que sus platos son como las preguntas de un examen que no nos suenan, pero con un sobresaliente como resultado. Probar su vieira asada con gofio escaldado de zanahoria y mojo verde fue toda una sorpresa por su textura. La trucha de conejo al salmorejo (inyectado in situ) con batata, hierbas aromáticas y piñones nos hizo descubrir que no todas las truchas tienen branquias, pero éstas recorrían nuestro paladar como pez en el agua.

También probamos el roastbeef de txuleta a la brasa con papaya canaria, queso gomero y mojo palmero con ahumado de tea (literalmente, ya que se ahuma en el momento) y el dimsum de potas estofadas en su salsa con papada ibérica de bellota entre otros platos igual de deliciosos, todos ellos maridados con un vino autóctono, La Gota.

Gofio es, por lo tanto, una incertidumbre, una aventura en la que a cada bocado vas generando más expectación. Una expectación que no defrauda, ya que a pesar de no desear que se vacíe el plato, tú ya tienes ganas de saber qué viene después.

Ahora ya lo sabes, también se puede viajar con el paladar.

 

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